FILOSOFÍA GARRAPATERA

 

Hace unos días regresé a Madrid y me volví a encontrar con Santiago Secades. Una vez más fue un placer pasear y hablar con él. Compartir experiencias y recordar aquel encuentro fortuito que en octubre del año 2000 él tuvo con Los Delinqüentes y todo lo que ello generó. Sus estupendas fotos, las anécdotas y la biografía que escribió y de la que ya quedan muy pocos ejemplares.

 

Esta vez estuvimos hablando bastante de sus recuerdos personales en el parque de El Retiro, y como no, de aquella mañana en la que Migue, Canijo, Diego y Teto, estuvieron allí tocando y pasando el platilllo para recoger algunas monedas y costearse algunos gastos del viaje.

 

Se plantaron en la capital de los peatones para demostrar a las discográficas que aquella maqueta de las que tan buenas críticas recibían no era ningún montaje, y de que iban muy en serio.

 

El convencimiento de Migue en su música, sus letras y las posibilidades de la banda era tremendo. Sabía que tenía algo nuevo. Que su rollo era distinto a la vez que bien forjado en muchas cosas que le gustaban.

 

La mirada de Migue que capturó Santi en esta fotografía en El Retiro creo que dice mucho más de lo que os pueda describir.

 

En ‘Los Delinqüentes, 10 años de filosofía garrapatera’, Santiago Secades relata así aquella jornada.

 

Os dejo con sus palabras, no sin antes recordar que ya quedan muy pocos ejemplares del libro (menos de 150) y enviar un gran abrazo también a nuestro amigo Germán Sancho madrileño y garrapatero de pro.

 

“Era la primera vez que venían a la capital a tocar. Ya tenían apalabrado contrato editorial con BMG-ARIOLA, pero todavía estaban buscando compañía discográfica. Diego me presentó al resto de la banda ya con un pie fuera del local. Querían tocar en la calle al día siguiente pero no sabían dónde podían hacerlo (…) El Parque del Retiro me pareció entonces la mejor opción. Para no perder la oportunidad de volver a verles, les ofrecí hacerles fotos durante la hazaña madrileña (no soy fotógrafo profesional, pero mi trabajo es el medio audiovisual y por tanto es un formato que intento y debo practicar).

 

Intercambiamos los números de móvil, que siempre es una buena manera de sellar un primer encuentro, y quedamos en llamarnos (…).

 

A la mañana siguiente, el punto de encuentro fue en un lateral del estanque del Retiro, justo en frente del avasallador y abrumador monumento a Alfonso XII (…).

 

Ni cortos ni perezosos, a la luz del Lorenzo de una mañana de octubre, desenfundaron sus guitarras y Teto su cajón, colocaron en el suelo una de las fundas para que les echaran algunas monedas, se colocaron en un banco y empezaron a tocar. Yo saqué mi antigua cámara réflex analógica de mi bolsa y comenzó el espectáculo. Pelayo mientras tanto, frente a ellos, sentado en el muro del estanque del Retiro, observaba atónito la jugada.

 

La gente iba pasando, muchos miraban con estupor sin saber muy bien qué hacer, otros se rascaban los bolsillos y soltaban algunas monedillas. Había incluso quien se atrevía a arrancarse con las palmas. De vez en cuando se formaba un corrillo espontáneo alrededor y la gente escuchaba con atención, con ese silencio que causa la admiración por la música bien hecha.

 

Acertó a pasar por allí un “señorito” andaluz de Jerez, de esos con bigote señorial con los que ellos no tienen nada que ver, y se detuvo interesado en escuchar a sus paisanos.

 

Cuando terminaron el tema, éste se acercó y les soltó un billete de 5.000 pesetas (cinco talegos en aquellos tiempos era una suma generosa) y les contrató para dar un bolo en una fiesta que tendría lugar a la semana siguiente en su residencia de la lujosa urbanización de Somosaguas en Madrid”…


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