junio de 2017

COSAS DISTINTAS

Martes 20 de junio de 2017

 

Hoy hace 34 años que nació Migue y es un bonito día para rescatar algunos pensamientos que últimamente me acompañan sobre su obra y su legado.

 

Van pasando los años y es como si cada vez fuera más consciente del fascinante cúmulo de aptitudes que Migue, a pesar de su corta edad, reunía. Mi admiración y confianza en su creatividad fue plena desde el principio, sabía que su música, su actitud, sus letras, su manera de cantar y su forma de ser y estar en el escenario iban a llegar “como una flecha” a un gran público; pero claro, el hecho de convivir con él me cegaba muchísimas veces y me incapacitaba para tomar cierta distancia y valorar aún más algunas de sus virtudes.

 

Hoy día me sorprende muchísimo que todas las canciones que están en Matajare 9, en el Disco-Libro Cómo Apretar Los Dientes, y muchas de las maquetas que también rescatamos para el Cd extra de El Sentimiento Garrapatero 10º Aniversario, Migue sólo las cantase una única vez y de principio a final en el estudio.

 

Chinchetas en el aire (Medio Pa’ la Higuera), Sigo a la luna, La Reina de Mi Vara Verde, Rosa de Mi Pañuelo, Cantándole a la fe, Poeta Garrapatero, La Caja de Mi Mollera -maqueta-… ¡Toma única!

 

Son canciones que muchos me habéis contado que a la primera escucha os han dejado flipados, con ganas de gritar. Y siento que así es. Migue era capaz de captar la esencia de todo lo que le rodeaba, de cualquier sentimiento que aflorase en su interior; y a su vez cantaba y te arrojaba todo ese mundo interior a tu alma y conseguía con ello empujarte contra la pared o hundirte en el sitio donde estuvieras sentado.

 

Migue admiraba muchísimo a otros músicos y artistas, pero no los idolatraba. Siempre sintió que él tenía algo nuevo que ofrecer, una nueva forma de ver y sentir, de escribir y componer, de cantar y tocar.

 

Y su repertorio, finalmente, es algo inclasificable: Rumba, rock, flamenco-punk, funky, reggae a su estilo, tanguillos, bulerías garrapateras, sonido matajare… Él no veía estilos ni fronteras, sólo herramientas para poder expresar su humanidad y conectarse con los demás. Creo que fruto de ello es que entre todas las canciones escritas de su mano es difícil encontrar alguna mediocre.

 

En muy poco tiempo, entre los 16 y los 20 años y acompañado por muchísimos artistas amigos y por grandes profesionales de la industria discográfica y del espectáculo, Migue fue capaz de poner un gran altavoz a las canciones que publicó en Los Delinqüentes. La mayoría de ellas compartiendo ese trabajo de composición con Marcos ‘El Canijo’; y con los arreglos y la producción de Diego Pozo, la supervisión de Josema Pelayo y el saber hacer de La Banda del Ratón.

 

Y gracias a ese gran amplificador de canciones, Migue logró difundir su filosofía garrapatera original. La de un niño adolescente que le cantaba a la vida, al sol, a la luna, a los mosquitos, a los planetas… Pero todo visto desde su perspectiva, con la luz y el compás de las barriadas y los campos de Jerez en los que se crió.

 

Dar tu visión del mundo para ayudar a los demás a comprender mejor el suyo propio. Que tus canciones no tengan fecha de caducidad, que estén plenamente vigentes. Que influyan hasta en la manera de vestir, de comer, o de decidir con quién te relacionas y con quién no. Que tu obra y tu persona sean recordadas a diario. Creo que no existe mejor recompensa para un artista.

 

Todos los que le admiramos así lo sentimos. Incluso pensamos, tal y como me dijo hace unos días mi buen amigo Miguel Carabante, que “actualmente el Migue estaría haciendo algo totalmente distinto”. Presiento que es así. Y por eso seguimos a la luna.

 

 

 


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